La planificación familiar es una acción prioritaria de la salud reproductiva, que asegura a hombres y mujeres la posibilidad de decidir en forma libre y responsable, el número de hijos que deseen, cómo, cuándo y con qué frecuencia tenerlos. Incluye el derecho de las personas a ser informadas y a la elección libre y voluntaria de los métodos anticonceptivos disponibles. Se calcula que en los países en desarrollo unos 222 millones de mujeres desean posponer o detener la procreación pero no utilizan ningún método anticonceptivo.

Los motivos son múltiples, entre ellos: poca variedad de métodos, acceso limitado a la anticoncepción, particularmente por parte de los jóvenes, los segmentos más pobres de la población; temor a los efectos colaterales que a veces se presentan, servicios de mala calidad, barreras de género, oposición por razones culturales o religiosas.

En nuestro medio es común ver a mujeres con un niño en el pecho y otros apenas un poco más grandes, tirando de su falda. Niños pidiendo limosna en las calles casi silenciosamente, estrechando las manos y murmurando sus gritos de socorro entre dientes, expresando que no tienen derecho siquiera a pedir, pues muchas veces en vez de recibir un pedazo de pan, abrigo o algo de dinero lo que reciben es desamor, palabras denigrantes, son agredidos y arrojados fuera de los negocios. ¿Será eso lo que realmente queremos ver en nuestra sociedad?

Si somos tan miserables ¿por qué no hacer que los métodos de planificación familiar sean cada día más accesibles a la gente?, poner en las manos de hombres y mujeres soluciones para vivir una vida más digna es muestra del amor al prójimo, dejar que una mujer tome por sí sola sus propias decisiones es amarla, respetarla, compartir la responsabilidad de la planificación familiar es amor. La planificación familiar es la clave para aminorar el crecimiento de la población, el síndrome de la pobreza, los efectos negativos que este acarrea sobre la economía, el medioambiente y contribuir con los esfuerzos nacionales y regionales por alcanzar el desarrollo sostenible.

En Nicaragua existe evidencia de que los esfuerzos realizados hasta ahora están teniendo éxitos, el uso de anticonceptivos ha aumentado en los últimos años, así como el nivel de conciencia de la planificación familiar, pero aún en nuestras mentes y manos existen barreras por vencer como es, la falta de acceso a los métodos anticonceptivos para planificación familiar dentro de una estructura de atención de la salud generalmente pobre. Para planificar hay que tener conocimientos de cómo hacerlo y además contar con los recursos para ello. Las personas instruidas y de mejor nivel económico generalmente tienen menos hijos que los pobres y menos instruidos.

La planificación familiar requerida es un proceso complejo de formación que promueve desde tempranas edades valores, actitudes y habilidades para una paternidad y maternidad responsable y exitosa como producto de una opción libre y consciente. Por supuesto esto demandará acciones permanentes de educación sexual tanto en el sistema educativo como en el núcleo familiar.

Se necesita mayor involucramiento de los Ministerios de Salud, Educación y el sector no gubernamental, para incrementar tanto la cobertura de los servicios de salud reproductiva como el desarrollo de campañas para contrarrestar algunas actitudes fundamentalistas que llevan a la no aceptación de la planificación familiar. Además, aumentar el nivel de participación de los hombres como parte de una responsabilidad compartida.

La promoción de la planificación familiar y el acceso a los métodos anticonceptivos modernos para las parejas, resulta esencial para lograr el bienestar y la igualdad entre hombres y mujeres, apoyar la salud y el desarrollo de la sociedad.

La autora es responsable de Salud Sexual Reproductiva de PROFAMILIA.