Antiguamente a las mujeres que pertenecían a la nobleza y alta burguesía no se les permitían trabajar, hacerlo constituía un desafío para las convenciones sociales de la época, por cuanto ella solamente estaba destinada a cumplir con el rol de esposa y madre. Sin embargo, las mujeres consideradas de clases bajas, laboraban en el campo ayudando a sus maridos y además se encargaban de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, pero no se les reconocía como trabajadoras. El matrimonio era el único camino para la mayoría de las mujeres, el acceso a la educación y otros factores de movilidad social, estaban vedados para el mundo femenino. La revolución industrial vino a cambiar esa realidad,  abriendo las puertas para que las mujeres tuvieran la oportunidad de integrarse al mundo laboral.

Haciendo un recorrido por la historia y revisando la posición que ha venido alcanzando la mujer, con mucho esfuerzo propio, nos encontramos que la mayoría de los varones no valoran ni reconocen en su verdadera dimensión las tareas que casi todas las mujeres realizan como parte de la familia. El problema se agrava cuando a las labores propias de un hogar, dejadas en la mayoría de los casos en manos de las mujeres, se agrega la necesidad de salir a realizar trabajos fuera de casa en busca de una remuneración laboral, sin que el hombre reconozca, reaccione y asuma de manera integral, la cuota que le corresponde como parte de la responsabilidad compartida en la familia.

Actualmente muchas mujeres son el sostén del hogar, pero aun así  representan una minoría de la fuerza laboral. De cada tres mujeres ocupadas, dos se encuentran en el sector informal de baja productividad, mientras que solo uno de cada dos hombres, se encuentra en este sector. Siguen siendo los salarios de las mujeres menores que los del hombre, se mantiene la cultura de preferir la contratación del hombre antes que una mujer, esto evidencia que el velo de la antigüedad se sigue arrastrando, la discriminación de la mujer en el mundo laboral sigue existiendo debido a múltiples factores que tienen una relación intrínseca entre los comportamientos socioculturales, económicos y políticos.

Por otra parte, en los hogares donde la mujer provee recursos financieros, dichos ingresos siguen considerándose como "complementarios", incluso en familias donde la mujer aporta lo mismo o en algunos casos más que el varón, su aporte no es considerado con el mismo nivel de importancia que el del marido. Algo más inaceptable es cuando la mujer trabaja y el marido se desinteresa en cumplir con su responsabilidad, viéndose obligada a cubrir todos los gastos, además del cuidado de los hijos y del hogar en su conjunto.

Para la mujer, el machismo, la pobreza y la violencia han sido factores estructurales y de la vida cotidiana, con los que ha tenido que lidiar, además de luchar por acceder a derechos similares a los que tienen los hombres, en cuestiones relacionadas con el empleo, el salario, el crédito, la familia y la propiedad, así como a recursos y servicios públicos.

Es indiscutible que en los últimos años se han producido grandes avances en materia legislativa, respecto a los compromisos a favor de los derechos de las mujeres, sin embargo, éstos no siempre han estado acompañados de políticas o acciones institucionales concretas, de quienes tienen la responsabilidad de ejecutarlas. Demandarlas y hacerlas cumplir es nuestro reto permanente, hasta llegar a gozar de manera plena de las mismas oportunidades, condiciones y remuneración que los hombres, quienes a su vez deben aprender a entender y asumir con equidad las responsabilidades del hogar.