Ser mujer, no es tarea fácil. Constituye un gran desafío en la lucha por el pleno reconocimiento y vigencia de nuestros derechos, el que implica superar con firmeza, inteligencia, tolerancia y paciencia, una infinidad de obstáculos, pero, no por ello debemos detenernos.

Los derechos son un conjunto de principios, preceptos y reglas a que están sometidos los seres humanos en toda relación civil y sin los cuales no podemos vivir. La libertad, la justicia y la paz en el mundo, tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables de los seres humanos.

El reconocimiento de estos derechos es el resultado de largos años de abnegación, tenacidad y valentía vividas por el género humano, desde que se estableció la diferencia entre gobernados y gobernantes, aquellos que a través del poder político, económico y coercitivo, han utilizado la fuerza para imponer su criterio. Tal es el caso de las 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York que en el año 1908 murieron calcinadas por un incendio provocado ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían.

Los derechos de la mujer están consignados en tratados internacionales, en la Constitución y leyes de nuestro país, sin embargo suele ocurrir que su aplicación y garantía, en ocasiones se ve debilitada por las prácticas y patrones estructurales de la función pública.

Si bien, informes recientes de país señalan avances significativos de la participación de la mujer en la vida política, laboral, económica, social y cultural, no menos cierto es que, a pesar de estos logros, aún en nuestro país está lejos la garantía del pleno respeto y disfrute de los derechos humanos de las mujeres, pues muchas de las leyes que las benefician no responden a la realidad social y vida institucional, siendo por tanto, limitada su aplicación y efectividad. Es oportuno recordar la marcha del Día Internacional de la Mujer del año pasado, bloqueada por policías y antimotines blindados y armados con fusiles de balas de goma y bombas lacrimógenas. Hechos como este, muestran el gran reto que tienen los defensores de los derechos en nuestro país, debido a que existe igualdad en teoría y desigualdad en la práctica, por lo que la igualdad sigue siendo una meta para las mujeres de Nicaragua.

En la búsqueda del cumplimiento universal de los derechos humanos, los gobiernos tienen la responsabilidad de promoverlos y garantizar su protección, lo que hace imprescindible, sensibilizar a toda la sociedad y en especial a las instancias que tengan que ver con la elaboración, promulgación y aplicación de leyes, a partir del reconocimiento de que todos los actos violatorios a los derechos de las mujeres, constituyen un claro desprecio a sus derechos humanos. Cuando logremos ese objetivo, podremos avanzar hacia un sistema más equitativo, que respete, proteja y garantice la efectividad de los derechos humanos sin discriminación, donde la aplicación de la justicia se vea en todas las situaciones y momentos de la vida, pues lo que está en juego no es el futuro de las mujeres, sino el futuro mismo de la humanidad. Ningún pueblo del mundo, que se precie de ser democrático, será verdaderamente libre ni justo, en tanto persistan normas o costumbres lesivas a la dignidad y a los derechos humanos de mujeres y de la sociedad en su conjunto.

Mientras en nuestra sociedad se sigan menospreciando los derechos humanos, debemos mantener como antorcha viva, la indeclinable voz heroica de la mujer, reclamando el advenimiento de una sociedad donde todos podamos disfrutar el ejercicio pleno de nuestros derechos.