El vínculo que se desarrolla entre padres e hijos es tan intenso y personal, que resulta difícil poder describir los sentimientos forjados en dicha relación, los cuales crean valores que resultan ser muy importantes para forjar personas de bien, exitosas y seguras al emprender sus retos en la vida.

Un padre sabe escuchar, comprender gestos y corregir oportunamente comportamientos inadecuados en el hijo o hija, se abre a sus necesidades, inclusive a las menos  perceptibles, propiciando un ambiente de confianza y comunicación eficaz para lograr el desarrollo de todo su potencial, en un marco de libertad y responsabilidad. Lo guía con firmeza motivada y razonada, por el sendero que desea heredarle.

En Nicaragua, el Código de la Familia establece por paternidad y maternidad responsable, el vínculo que une a padres y madres con sus hijos e hijas, que incluye derechos y obligaciones, ejercidos responsablemente y de forma conjunta a fin de lograr su desarrollo integral. Así, en algunos hogares los roles tradicionales se han invertido y en otros se comparten, padre y madre traen dinero y colaboran con las tareas del hogar y la crianza de los hijos. No obstante, la misma sociedad equivocadamente, continúa considerando al hombre como el único proveedor, encargado de la manutención de la familia y a la mujer como la responsable de realizar las tareas del hogar y mantener el orden y la armonía familiar.

Si bien, hay hombres que se resisten a cumplir con la responsabilidad paterna y solamente están dispuestos  a asumir sus obligaciones de manera coercitiva, también existe una gran mayoría que comparten las responsabilidades y la alegría de verlos crecer y ayudar a la madre en su formación. Cada día son más los padres llevando a los niños a la escuela, participando en los controles prenatal de su cónyuge, en las salas de espera de hospitales, clínicas, en el momento del nacimiento de su hijo o hija.

Pese a lo anterior, el papel de padre responsable no cuenta con el suficiente respaldo de empleadores, los permisos a cuenta de vacaciones incrementan, algunas instituciones no disponen de políticas laborales que beneficien al hombre que se prepara para ser papá, obviando en algunos casos de manera intencional, o por desconocimiento de la parte interesada, lo establecido por ley. El Código de Familia, establece “cinco días calendarios de permiso con goce de salario y sin pérdida de ninguna prestación social en ocasión del parto de su cónyuge o conviviente”.

El veintitrés de junio es la fecha elegida para honrar y brindar reconocimiento social y familiar a los hombres que cumplen integralmente su rol de padre,  es una fecha propicia para promover la igualdad de género, para enaltecer el amor, respeto mutuo y relaciones con equidad entre las parejas, para reconocer el apoyo incondicional brindado por hombres que han luchado a la par de la mujer.

También lo es para celebrar la paternidad responsable, modelos masculinos positivos, festejar a hombres de clase trabajadora, ejemplos de vidas dignas y honradas; para celebrar sus contribuciones al desarrollo de la ciencia, cultura, economía y creación de sociedades más justas; para formar familias con valores éticos, morales y espirituales.

En un país como el nuestro, en el que se experimenta de manera precoz el inicio de relaciones sexuales y cada vez es más común ver a padres y madres adolescentes, es oportuno revisar y reforzar desde los diferentes roles, el aporte que estamos dando para ese modelo de padre, anhelado por todos y todas.